De San Juan al mundo: el desafío de convertir la oportunidad minera en capacidades locales

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Escribo esta primera columna para Diario Libre desde el otro lado de la cordillera, con una mirada que busca acercar experiencias y aprender de un proceso que hoy tiene a San Juan en el centro de la conversación minera regional.

El departamento de Iglesia concentra una parte importante de ese futuro. La trayectoria de Veladero, el avance de Vicuña y la proyección de nuevos desarrollos abren oportunidades significativas, pero también elevan las exigencias para quienes quieren participar de la cadena de valor. Hoy no basta con estar cerca de un proyecto: hay que responder con seguridad, calidad, gestión, tecnología, financiamiento y capacidad de cumplimiento.
Las cámaras empresariales de Iglesia vienen planteando algo clave: las oportunidades deben ser visibles y anticipadas para que las empresas locales puedan prepararse. CAPRESMI, CAESII, CADEMI y AITURIC han insistido en la importancia de contar con información, profesionalización y mejores condiciones para competir. Al mismo tiempo, aparece una realidad inevitable: muchos de los contratos que vendrán requerirán mayor escala, asociaciones y nuevas capacidades.
Ese punto me parece central. El desarrollo local no debería medirse sólo por cuántos contratos quedan dentro de la provincia, sino también por cuánto crecen las empresas y las personas a partir de esa experiencia.
Desde el Ministerio de Producción de San Juan se ha planteado una visión que va en esa dirección: utilizar la minería como plataforma para que los proveedores locales desarrollen capacidades exportables. No se trata únicamente de abastecer proyectos sanjuaninos, sino de que, con el tiempo, algunas de esas empresas puedan competir también en otros mercados mineros.
Chile, Perú y otros distritos mineros de la región acumulan experiencias que pueden complementar las capacidades que San Juan ya viene desarrollando. La oportunidad está en generar asociaciones, intercambio tecnológico y aprendizajes compartidos que eleven la competitividad de toda la cadena, sin desplazar el valor local que debe quedar en el territorio.
Para llegar a ese punto, la capacitación será decisiva.
Y ahí los jóvenes de Iglesia tienen un papel especial. CADEMI, integrada por jóvenes empresarios y emprendedores del departamento, ha puesto el foco en profesionalizar, incorporar tecnología y elevar los estándares de las PyMEs locales. Esa tarea merece atención porque el desarrollo minero no sólo debe abrir contratos: también debe abrir trayectorias de vida.
Para un joven de Iglesia, esta transformación puede significar algo muy concreto: la posibilidad de construir un proyecto profesional sin tener que dejar su departamento. Formación técnica, oficios especializados, emprendimiento, nuevas empresas y empleo de calidad pueden convertir el crecimiento minero también en una oportunidad de arraigo y desarrollo local.
Una mina tiene una vida útil determinada. El conocimiento, las capacidades y las empresas que se forman alrededor de ella pueden perdurar mucho más.
Por eso, el verdadero desafío no debería limitarse a alcanzar un porcentaje de compra local. El objetivo más potente sería que, dentro de algunos años, una empresa nacida en Iglesia y fortalecida prestando servicios a la minería sanjuanina pueda competir también en Chile, Perú u otros distritos mineros.
Ese sería un indicador concreto de éxito: que la minería no sólo deje infraestructura y actividad económica, sino también personas, empresas y conocimiento capaces de seguir creciendo más allá de cada proyecto.
Si San Juan logra avanzar en esa dirección, Iglesia no será únicamente uno de los territorios donde se desarrollan grandes proyectos mineros. Puede convertirse también en un lugar desde donde nazcan proveedores, talento y capacidades para una industria cada vez más integrada y competitiva.
Juan Pablo Arévalo
Ejecutivo del sector minero y proveedores industriales
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